lunes, 11 de noviembre de 2013

* R-U-I-D-O-S-*

*O TAL VEZ NUNCA EXISTISTE, FUISTE MI MEJOR INVENTO*


Confieso que la construcción de Urquiza me está colmando los nervios, hace 8 meses que a las 8hs, arrancan los obreros con el taladro y otras yerbas.  Para colmo, a falta de una, hay dos construcciones. Creo que ya sé todo lo que pude aprender de albañilería. Los observo mientras me seco el pelo, los miro desde mi ventana. Confieso que  extraño levantarme con el despertador, y no con este ruido,  extraño el silencio de la mañana.

Agotada del ruido constante.
Pensando en esto, decidí escribir sobre el Ruido dentro de nosotros mismos.
 Sobre los gritos dentro del cuerpo, las marcas, las heridas, la angustia, la falta de salud, el dormir mal, y la cura actual de “Tomate una pastillita”.  Ese ruido, que hasta parece que algunos se acostumbran a tener. Ese ruido que no se apaga, que no calma, y que  muchas veces las personas lo disfrazan de algo que no es.  
Lo llenan, lo ocultan, lo tapan.

No lo tapes, porque cuando salga, será peor.




RUIDO

Este hecho me hizo ruido.
 Tenía que hacer tiempo y me senté en un bar de la calle Moreno.
 Tenia pensado simplemente tomar un cortado, y ver mi agenda, no mucho más.
 Lo cierto es que la voz de una mujer me llamó la atención, así que levanté la cabeza para ver quien elevaba la voz tan fuerte, y vi como ella  discutía con un hombre que tenia enfrente suyo. Yo los tenia a tres metros y si bien no se oía perfectamente, (ni era esa mi intención) el cuerpo de esa mujer expresaba todo. Estaba enojada,  que digo, estaba enfurecida.
Al flaco, que yo solo veía de espalda, (y no era  tan flaco, era más bien grandote), se lo notaba tranquilo. Su cuerpo estaba distendido, como sabiendo que tenía que escucharla. Y ella cada vez peor, movía sus manos, sus pulseras hacían ruido a mucha velocidad, y repetía una y otra vez: ¿Por qué me haces esto?
 Ella explicaba una situación, se desgastaba su voz, analizaba, y se esforzaba dejando toda su energía en poder expresar sus pensamientos, su bronca, su dolor.
Escuché la frase: “ ¿Por qué me comparás con tu ex mujer? ¿Por qué lo haces?
Él no contestaba. Y ella seguía gritando indignada con mucha impotencia.

Cuento esto  porque una lectura inicial es: “que loca la mina como se pone”. Pero los que optamos por mirar más allá, el lado B de las cosas, nos encontramos con más.
En este caso hay un otro que también  la está poniendo así.

La ganas que tenia yo, de levantarme y decirle a la mina: “No te hagas esto”.
No te lo puedo explicar. Quería decirle: ¿Qué será lo que te retiene tanto en este dolor?  ¿Por qué no te vas  y dejás de perder tu tiempo? ¿Por qué estas haciendo tanto esfuerzo acá? ¿No ves que no funciona esto así? ¿No te das cuenta como te estás sintiendo?

No lo hice. No me corresponde a mí decirle a otro, y menos a un extraño, que está perdiendo el tiempo.

Solo con claridad, con el clima despejado, con mucho sol, podrá darse cuenta, si se da el espacio de hacerlo, de que toda su charla no valió la pena. Toda esa energía, ese malestar, no valió la pena.
Cuando  veo esfuerzo en una pareja pienso, ¿Tanta lucha no te cansa?
La teoría de “Luchemos por nuestro Amor”, la descarto totalmente.
 Palabras como: luchemos, peleemos por esto, no me suenan bien, ni fonéticamente ni simbólicamente. Prefiero: “Vamos para el mismo lado”. Es una opinión.

Este hecho me llamó la atención porque me vi en un bar cualquiera, sentada hace unos años, intentando que el otro me entendiera exactamente de la misma manera.
 Que loco, a la distancia, me doy cuenta que la única que tenía que entender, era yo. ¿Entender que? Que no tenía que estar ahí.

No pierdas tu tiempo. A veces simplemente tenés que correrte, y no quedarte en lugares que te hacen daño.

Me hace ruido, cuando escucho que las personas  se despersonalizan, cuando se conforman, cuando inventan y construyen torres de mentiras y de fantasías.
ME HACE MUCHO RUIDO QUE JUSTIFIQUEN TODO EL TIEMPO LO QUE NO SE PUEDE JUSTIFICAR.



Ahora mismo estoy en una pizzería de Boedo, y me puse a escribir. Hace tres meses que dejé el texto ahí, y hoy lo retomo. Hace frío, mucho. La gente no ve por donde camina, y no sabe llevar los paraguas, creo que no perdí un ojo de casualidad.
Pensé, en que aunque esté nublado, para mi sale el sol. Me costó, pero salió el sol.

El silencio de poder escuchar lo que yo llamo la voz interior, y que los pensamientos, los malos, los que abruman, se corran a un costado, hizo que pudiera volver a enfocarme.

Luego de horas de silencio y lograr dormir algunas otras, volvieron la calma y las ganas de escribir.
Una amiga me dijo: -¿Qué necesitás?  -Silencio.
El espacio para detenerme a pensar que estoy haciendo, el para qué, el por qué.
Y lo tuve.

Muchas personas no bajan su propia radio, noté como la gente hace que escucha pero no escucha, o como simplemente están como viviendo una vida, una situación y la cargan de muchas cosas, y muchas emociones ficticias.
Observé mucho armado, mucha estructura y poca verdad.

Demasiado tiempo sin escribir, demasiado caos alrededor, demasiado insomnio.
Ahora que se calmó, ahora que di lugar, ahora puedo escribir. ¿Será casualidad? Ayer, justo ayer, la construcción terminó. Justo ayer el silencio y la calma volvieron a mí.

Que loco, yo me había acostumbrado al ruido. ¿Por qué será que nos acostumbramos a lo malo? ¿Por qué será que nos quedamos en lugares que no nos hacen felices?

Con esto había arrancado a escribir este blog. Me pregunto una y mil veces ¿Por qué?

Pensé en las situaciones de mi vida, de los míos, de los conocidos y de la gente que escucho, y una y otra vez me pregunto: ¿Por qué muchas veces nos quedamos donde ya no estamos sonriendo? ¿Por qué no saltamos de esos lugares de mierda que nos hacen tanto mal? ¿A qué le tenemos tanto miedo?
Creo que más allá del  mal mayor que es “el miedo a la soledad”, pensé seriamente en cuales son las personas que logran escucharse realmente.

Una amiga mía me dijo: “Porque Amo”. Bueno hermosa, haceme el favor, y amate a vos misma primero y no cedas tu felicidad por nada. Porque yo no te veo sonreir. Así que comentame: ¿De qué te sirve ese Amor?

Pensé que si  te quedas en un lugar que no te hace feliz, es porque no querés perder nada, y eso para mi es una locura. En toda decisión hay una pérdida, porque estás decidiendo por algo.  Si elegís A, no elegís B. No es tan complejo “Costo - Beneficio”.

¿Acaso no querés sacrificar nada? ¿No querés ceder? ¿Querés tener todo? Decidí y hacete cargo de lo que decidiste.
 No se puede tener todo sin estar perdiendo algo al menos.

Recuerdo tener dos amores en mi vida, ir  y venir, como cual adolescente que no sabe que quiere, decidí quedarme con el que me brindaba “seguridad” y dejé ir a quien yo creía mi verdadero amor. La seguridad se la llevó el viento, porque nada de lo que creía sucedió, y mi gran amor me dejó de hablar por varios años.
La vida me lo puso en frente, y por fin, pude decirle: “perdoname”. Pero él, muy tranquilo me dijo: No.
Yo le pregunté: ¿Por qué no? Me dijo: porque con tus idas y vueltas, me rompiste el corazón.
Le dije: no tuve intención, fue sin querer, inmadurez.



Bettina: si no sabías que hacer, sino sabías que sentías, o que querías, No hubieras hecho nada.  Lo que pasa es que no querías perder nada.
Es verdad, no quería perder nada, lo interesante, es saber que perdí todo y más.

Muchas veces el niño de la ciudad de “Nunca jamás”  me hacía ver las cosas de una manera muy sabia.
Aprendí que si no sabés lo que sentís, lo que deseás, lo que querés, no tenés que hacer nada, hasta que tengas algo claro, porque podes lastimar a otro.
Y si teniendo “ruido”, avanzas, es porque el otro no te importa.
Es porque solo te importa el no perder vos, y porque decís que hablas de “amor” pero tus acciones, lejos, tienen que ver con el amor.

Yo creí que amaba, pero claramente, no lo suficiente para no lastimar a la persona que en verdad quería.


No se cuando será el día que dejemos de pensar en nosotros mismos, y realmente pensemos en el otro a la hora de brindar amor verdadero.
No se cuando será el día que aprendamos a amar de verdad, desde la entrega absoluta, desde la sanidad.

No se si entendés lo que escribo, pero seguramente alguien te lastimó y  te dijo que fue sin querer, como si eso cambiara las cosas.
Los Hechos no se cambian y las heridas quedan.

No me pidas perdón, no me lastimes y listo. Cuidame. No me digas que me amas, amáme. No me expliques lo que te pasó, ponete en mi lugar.
Amá de verdad, no te ames a vos mismo y que solo valga lo que a vos te pasa, porque hay  un otro enfrente que te está mirando, que te está viendo, que está depositando su confianza en vos y que  te está dando el corazón.

No avances si no sabés. Y si lo haces, avisale al otro donde está parado. Alertalo. Hablale y de esa manera, las cosas serán distintas, porque es el otro el que decide seguir con vos… o no. La frase: el que avisa no traiciona, es muy cierta.
Yo me equivoqué y ya no me justifico. Estuve mal. Y más allá del perdón que pueda sentir, ya está, el daño ya lo hice.

Nuestras acciones hablan de quienes somos, no lo que decimos, sino lo que hacemos

Pensé en que quizás, en este mismo momento, estás perdido, o perdida, pensé en que quizás, sentís confusión, y me parecía bien decirte:“ Ey, pará!”

Quizás si de alguna manera dejamos de hacernos daño por nuestras propias miserias internas, quizás si dejamos de avanzar cuando no estamos seguros, por nuestros propios monstruos, quizás de esa manera, el silencio avance, y dé lugar al espacio, a ese espacio verdadero, que denota, que decanta algo hermoso: La Verdad.
La verdad del suceso verdadero.

El amor es eso hermoso, que se da casi naturalmente.
 Increíble cuando es sin lágrimas, sin celos enfermizos, sin dolor, sin confusión constante, sin tanto esfuerzo.
Y florecen la risa, los nervios hermosos, la transpiración de que algo está sucediendo, las miradas cómplices, y la sanidad, resultado de que lo que haces, lo que decís y lo que sentís van de la mano. El equilibrio justo. 
El compañerismo, entendiendo que no siempre todo va a estar bien, pero teniendo la tranquilidad que hay un otro que está bancando.

Para brindarle paz al otro, tenes que estar en paz con vos mismo, sino por más amor del mundo que tengas, no vas a poder.



Apagá la radio, mirá al que tenes en frente y preguntate una y mil veces

¿Vos que querés? Y ¿Y quién estás siendo?


Debo confesar que el edificio quedó genial, y también que más de un obrero me vio en ropa interior  cuando colgué  la ropa en el tender del balcón,  jamás reparé que mi balcón daba directo a su retina.
No me preocupa, que me vean  casi desnuda, me preocupa que me vean vestida de mentiras  y ocultándome de mis verdaderos sentimientos, de miedos, y de confusiones.


“Guerrera del arco iris” / dedicado a mi amiga Juliett por ser auténtica, por no venderse a nada. Pero más que nada, porque no tiene miedo, porque no lastima, porque aclara, y porque se muestra transparente desde el día uno.

No mucha gente puede decir lo mismo…





Bet

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